Desatas lo peor en mi, liberas lo más profundo de mi ser.
Eso dicen las primeras 2 frases de un poema que escribí hace ya varios años.
Sigue, dando excusas aleatorias del efecto que en mi tiene lo que vos hagas o (muy bien) dejes de hacer.
Actuar por instinto...
Sin saber si es bueno o malo...Preocupado por el dolor y el miedo...
El propio y el ajeno...
Le lloro a la Luna...
Destierro mis lágrimas con aullidos...
La bestia dentro mío pregunta por vos...
Pregunta por tu amor, tus caricias, tus besos...
Muere por vos...
Me mata por vos...
Pensar sencillamente que en aquel entonces yo no era más que la mera sombra de a quienes acompañaba y de lo que cualquier anecdota propiamente distorcionada pudiese proporcionarle a mi identidad.
Entenible, entonces, que manifiestos como el que se escribió tuviesen ese sabor a lástima y cobardia que tanto definieron el accionar del escritor hasta momentos no muy lejanos al presente.
Termina, por supuesto.
La noche me camufla..
Y a escondidas te busco...
Espero en la oscuridad...
La dentellada eficaz...
El beso de la vida...
Nacido de la muerte...
Quiero una mujer...
Que cure este corazón...
Dome esta bestia...
Ame al hombre...
TE QUIERO A VOS... Buscame...
Soy El Lobo... Disfrazado de Hombre...
Ya. Con ese ápice de hombría y determinación, totalmente intangible y vanalmente ridículo que disponía las tropas de masculinidad tras una gran mentira que un joven esperaria le salvaran la vida.
Perspectiva, gente, solo hace falta perspectiva.

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